
Dos polícias evacuan a un herido
La tragedia salpica el fútbol africano
Araceli Martín Villegas.
30 de marzo de 2009.
El pasado día 29 de Marzo asistimos a la enésima tragedia en un campo de fútbol, 22 fallecidos y cientos de heridos en un Costa de Marfil-Malawi. Sólo que esta vez, la noticia no alcanzó la repercusión mediática de incidentes como el del estadio de Hillsborough, o los más recientes disturbios del Calderón.
Esta vez, la noticia procedía del continente africano, de Costa de Marfil, un país que pese a ser de los más importantes de la región, posee unas estadísticas de criminalidad y pobreza sobrecogedores. Por este motivo es por el que tan sólo nos llegan imágenes de paupérrima calidad de lo sucedido, y escuetas explicaciones de la élite política corrupta del país.
Era un domingo de fiesta en Abiyán, capital marfileña, puesto que para los habitantes de la región, el fútbol internacional supone un gran motivo de alegría y esperanza, la posibilidad de contemplar de cerca a las brillantes estrellas nativas que emigraron con éxito a Europa, como Didier Drogba, o Yaya Toure, es considerado todo un privilegio.
En el continente africano, los estadios de fútbol son apoteósicas construcciones de cemento de gran capacidad pero escasas infraestructuras en las más mínimas dotaciones en sanidad o seguridad. Salvo los dudosos prohombres que se sientan en el palco, el resto de localidades se reparten al mejor postor, en este caso, al que llegue primero, puesto que no están numeradas. De hecho la capacidad de estadios como el de Abiyán es de 50.000 espectadores aproximadamente, apretados como sardinas, con pinturas de guerra, tambores y banderas de su nación que llenan el estadio desde 3 y 4 horas antes de la celebración del partido en dudoso estado de sobriedad, después de haber intentado comprar una entrada a un precio desorbitado, algo superior al salario medio mensual de la zona.
Al aproximarse la hora del partido, el estadio estaba a rebosar, pero aún así, se estima que en los alrededores del mismo, se encontraban otras 50.000 personas, más de la mitad de ellas con entrada, intentando acceder al recinto sin que se lo permitieran. La mezcla de todos estos ingredientes era explosiva, y por supuesto la mecha se prendió. Es intranscendente si el origen fue un disparo al aire de la policía, gases lacrimógenos, o si todo fue propiciado por ceder un muro de la obsoleta construcción.
Las responsabilidades a mi parecer están claramente definidas. Por un lado, el máximo organismo responsable del fútbol mundial, debería velar más por la celebración de este tipo de eventos, no en Europa, donde nos sorprenden con rigurosísimas medidas como prohibir la entrada a los palcos de honor sin corbata, sino en los continentes donde es más necesaria la seguridad, en América, donde la pasión en el fútbol es confundida con la violencia cada domingo, como vemos en las noticias, y especialmente en África, donde el público no es tan violento y a pesar de ello muere por la negligencia de las personas a quienes confían su único entretenimiento en meses.
No es admisible que las entradas de partidos internacionales, dependientes de la FIFA, estén impresas en papel, sin ningún tipo de hologramas o medidas de autenticación. Porque evidentemente, no podemos culpar a los pobres aficionados que viven en la miseria y a quienes se le presenta la posibilidad de fotocopiar las entradas para asistir al partido.
Asimismo, pese a que los incidentes tuvieron lugar minutos antes del encuentro, este se llegó a disputar con el desconocimiento de los jugadores de lo que había sucedido. No deja de resultar, cuanto menos chocante, que en Europa, las autoridades futbolísticas detengan partidos por el encendido de bengalas, o por insultos racistas hacia un jugador, y que en Costa de Marfil, se permitan ya no sólo no parar el partido, sino empezar a disputarlo desde el comienzo conociendo esta desgracia.
Por otra parte, no quiero dejar de señalar la corruptela de este tipo de naciones, a quienes la descolonización dejó en la miseria sin ningún tipo de estructura política mas que la de favorecer, por intereses de diverso tipo, al general de turno, o más recientemente, a presidentes vitalicios, como se autodenominan.
Ha tenido que ocurrir esta desgracia para que saliera a la luz pública occidental, que el presidente de la federación marfileña, resulta ser el sobrino del presidente de la nación, y asimismo, también parecen comunes las denuncias de los aficionados quejándose de que son muchas más las entradas que salen a la venta, que la propia capacidad del estadio. Una especie de overbocking a la africana.
No hace falta ser Mario Conde para darse cuenta del tremendo negocio que tiene en las manos esta gente, solo que esta vez, las manos se les mancharon de sangre.











